Biografía:
Raúl Ortega nació en la Ciudad de México en 1963. Trabajó como fotógrafo para el periódico La Jornada de 1986 al 2000 y como coordinador y editor del suplemento fotográfico para este periódico a partir de 1998-2000.
Su trabajo fotográfico ha sido reconocido por:
- la asociación de reporteros gráficos en 1987
- la VI bienal de bellas artes fotográficas (con mención) en 1996.
- la I bienal de fotografía periodística (con mención honorífica el área de Personajes en 1994
- el 3er lugar en la bienal de fotografía periodística (con el premio individual de fotografía periodística y el premio del público) en 1991
- EL XXI Concurso de fotografía (3er lugar en fotografía antropológica), 2001
- varias muestras y competencias en América Latina (en donde ha recibido menciones honoríficas)
Él ha tenido aproximadamente setenta exposiciones individuales y colectivas en México y el extranjero, y ha colaborado con las agencias internacionales Reuters, AP y AFP. Su trabajo forma parte de la colección Wittliff de la Universidad Estatal de Texas del Sudoeste, así como las colecciones de Carlos Monsivais y del Centro de la Imagen en la Ciudad de México. Sus imágenes se han publicado en numerosos periódicos y revistas en México y el mundo. También se han publicado en aproximadamente cuarenta diferentes libros, dos de los cuales son de su autoríar: "Pabellón Cero" y "De Fiesta". Él está trabajando actualmente como fotógrafo independiente en colaboración con editores mexicanos y extranjeros, y se centra sobre todo en proyectos personales a largo plazo.
Acotación:
Bailarinas
En este trabajo fotográfico, procuro no solamente mirar a través de la ventana; no solo ser el espectador que se acerca como un extraño al mundo de luces, sonidos, cuerpos medio desnudos, alcohol, y escándalo conocido como "club nocturno", donde todo parece estar a la venta: la atención del camarero, los cigarrillos, las botellas... y las bailarinas.
Mujeres que se quitan la ropa y bailan son deseadas por la noche y despreciadas en el día. En las calles, la gente las mira de reojo, pero en la noche cuando están trabajando, se convierten en objetos del deseo. Los espectadores desean quitarles no sólo sus ropas, sino poseerlas realmente. Son sueños que pueden ser comprados, bailarinas que dirán lo que desean oír sus clientes: un nombre y una historia que los tentarán y seducirán. Pero las bailarinas no son ingenuas, son como pájaros que revolotean a la espera de tomar vuelo en búsqueda de un nuevo lugar, quizás se comprarán un sueño, o se conviertan verdaderamente en una nueva persona. Viven una realidad esmiriada a la luz del día, una mentira dulce en las sombras de la guarida hasta que regresan como las reinas de la noche. Pero no son solamente la ilusión nocturna del alcohol y hombres bulliciosos. Son también madres, tías, hermanas, hijas de nuestra sociedad, de nuestro mundo convencional donde los bailarines son carne que se consumirá, vendida al mejor postor.
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